Vivir de la tierra, con la tierra para la tierra
Advierten sobre los peligros de las fumigaciones y
la inacción de los gobiernos
El Jueves 17 de Noviembre se reunieron en el Microcine de la Universidad
Nacional de San Luis, miembros de la Asociación de Campesinos
del Valle de Conlara, de San Luis. Organizaron el encuentro diferentes
ONGs y asociaciones estudiantiles (Apata, Alerta Tierra y Faeb San
Luis). En esta oportunidad debatieron con el público sobre
los problemas que enfrentan como campesinos rurales en un escenario
general de agronegocios y sobre cómo resisten en forma activa
el modelo hegemónico de producción de alimentos, según
informa Antonio Mangione en el portal Peligro
- Ciencia.
El avance de los monocultivos durante los últimos 20 años
en Argentina, principalmente el de soja, han transformado el paisaje,
la economía nacional y la de varias provincias del país.
Los altos ingresos económicos de los grandes productores o
latifundistas en estrecha relación con la destrucción
de economías rurales y familiares constituyen iconos de estas
transformaciones. El cultivo de la soja y el arroz por ejemplo, sobre
la base de una lógica tendiente exclusivamente a maximizar
la ganancia económica, han cambiado drásticamente la
vida de miles de personas e inclusive se encuentra estrechamente relacionado
con la muerte de adultos y niños.
Este es el panorama a nivel nacional y el que se vive en la provincia
de San Luis, no es muy distinto. Así lo refleja el relato,
pausado, profundo, sincero, sin estridencias de algunos de los integrantes
de la Asociación de Campesinos del Valle de Conlara de la Provincia
de San Luis. Familias que eligieron trabajar y llevar adelante una
vida campesina. Sostener este estilo de vida sin embargo, les resulta
cada vez más difícil.
Los dos modelos
Nahuel Churín uno de los miembros de la asociación,
relata que ellos “defienden una lógica de producción
campesina”. La llegada del modelo agroindustrial de explotación
del campo, ha generado un conflicto, porque los dos modelos son en
esencia contrapuestos. “El nuestro es un modelo que reparte
equitativamente el agua y preserva la familia en el campo y da trabajo
en el campo.” El otro, da a entender Churín, es todo
lo opuesto.
Los campesinos del Valle de Conlara, son fumigados (literalmente),
sus tierras se encuentra rodeadas por monocultivos de soja y de maíz,
el agua de napa es mayormente utilizada para esos monocultivos y el
acceso al agua por parte de los campesinos resulta costoso. Documentan
cada vez más casos de alergias, erupciones de la piel producidas,
según denuncian, por las fumigaciones. Sus productos no pueden
ser vendidos en el mercado local entre otras problemáticas.
El relato conmueve, no esconde dobles intensiones, no es acalorado,
es contundente, tiene la sencillez y la dureza de la verdad. Cualquier
persona podría dudar de estas palabras dichas por cualquier
otro, pero en la voz del campesino, adquieren dimensión de
real.
En un video realizado por el grupo de campesinos, un vecino cuenta
que tuvo que desmontar media hectárea, se le frunce la cara.
Se le nota que le duele desmontar y agrega, “es para meter una
o dos vacas”. La cifra es ridícula comparada con el desmonte
de cientos de miles de hectáreas en la zona durante los últimos
cuatro años. Es ridícula porque este campesino es dueño
de 20ha o menos, los grandes productores son propietarios de miles.
Las asimetrías son grandes.
Los campesinos del Conlara, revalorizan con acciones concretas su
estilo de vida. La asociación se encuentra organizada en distintas
áreas: de formación, de producción, de prensa,
entre otras. Trabajan horizontalmente en forma de cooperativa, se
capacitan, han creado talleres, fuentes de trabajo a través
de una carpintería, discuten y tratan la desigualdad de género.
Hoy van en camino a producir casi todo el alimento necesario para
alimentar al ganado, entre otras iniciativas.
Desde hace un tiempo la Asociación interactúa con otras
organizaciones campesinas y sociales (Movimiento de Campesinos de
Córdoba, el Movimiento de Campesinos de Santiago del Estero,
la Unión de Trabajadores Sin Tierra de Cuyo, el colectivo Paren
de Fumigar, Madres de Ituzaingo y Médicos de Pueblos Fumigados).
La comprensión que los campesinos tienen sobre la necesidad
del trabajo colectivo es elocuente. "Tenemos que actuar todos
juntos, no importa si vivimos en el campo o en los pueblos y ciudades,
porque las consecuencias son en otra dimensión, nos afectan
a todos." dice María otra campesina que aparece en el
mismo video.
Para nosotros los citadinos el problema nos resulta lejano, confuso,
los campesinos sin embargo, tocan el problema con las manos. Los campesinos
y campesinas de Conlara viven de la tierra, con la tierra y para la
tierra. Entonces la tierra es todo.
Las fumigaciones
“Próximo a la frontera con Córdoba, una familia
deben mudarse diez días al pueblo cada vez que los propietarios
de los campos de soja fumigan”- dice Gregorio Arias, otro campesinos.
La imagen se repite en todo los parajes con soja. Algunos se mudan
otros no tienen dónde ir. Nahuel Chrín dice que “luchan
contra las opciones y determinaciones individuales porque los problemas
los tenemos que resolver colectivamente” y agrega “esta
familia no debería irse. Todos deberíamos manifestar
para que no se fumigue a 20 metros de una casa.” Desde hace
un tiempo los campesinos del Conlara, toman nota de los aviones que
fumigan, el nombre del fumigador, el dueño del campo. Como
consecuencia de este ejercicio ciudadano de defensa de sus derechos,
los dueños de los campo se han mostrado dispuestos a entablar
el diálogo con los campesinos.
Las fumigaciones con agroquímicos en todo el país,
siguen despertando gran preocupación entre campesinos y especialistas
de la salud y otros profesionales. El incremento de malformaciones,
abortos, muertes al nacimiento, leucemias, enfermedades de la piel,
afecciones respiratorias y distintos tipos de cáncer se han
incrementado en todo el país y ya forman parte de las exiguas
cifras oficiales, hasta hace un par de años, inexistentes.
La mayoría de estos estudios y denuncias han sido motorizados
por médicos, ciudadanos y campesinos preocupados por la situación.
Ver notas relacionadas más abajo.
Lo político, lo económico y lo científico
No caben dudas que el modelo agroindustrial es productivo en términos
de divisas y renta para los particulares. Argentina recibe ingresos
directos e indirectos por los productos primarios y con valor agregado
de 27.000 millones de dolares, casi el 5% del PIB del país.
Este valor que está por debajo de la industria, la construcción,
la actividad petrolera y el turismo. Sin embargo los costos derivados
en desmejoramiento de calidad de vida y salud se estiman son muy altos.
Este modelo agroindustrial, tal cual está planteado entra
en serios conflictos con otros modelos culturales, sociales, económicos
y de uso del conocimiento, más precisamente con el de la vida
rural y campesina. Contrariamente a lo que se supone, la solución
de estos conflictos no está ni en la faz económica ni
en la ciencia. La solución es de índole principalmente
política. Se cuenta con suficiente conocimiento científico
como para tomar hoy decisiones acertadas sobre lo que se conoce. Y
sobre lo que no se conoce debe actuar el principio precautorio. Es
decir quien fumiga, quien utiliza agroquímicos, debe ser quien
pruebe que no está contaminando y no al revés. El único
experimento que la ciencia "aprobaría" es pasar con
aviones fumigadores sobre mujeres embar azadas. Un escenario ridículo
y a la vez macabro, relataba tiempo atrás Andrés Carrasco
en una de sus conferencias. Seguir con la política vigente
es establecer en forma explícita, que el derecho a la ganancia
está por sobre el derecho a la salud.
Los estados Nacionales y provinciales, los municipios tienen deudas
enormes con miles de familias. La falta de controles, la connivencia
hasta por inacción de autoridades en los distintos niveles
de gobierno y por sobre todo, la instalación y sostenimiento
de una concepción hegemónica de como producir alimentos,
ha llevado a los campesinos de todo el país a una situación
de ahogo y exclusión.
El gobierno Nacional, debe ocuparse de revertir de inmediato esta
situación. La escala y la magnitud del problema, requieren
de un acción política, antes que científica.
Opiniones como las del Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones
Científica y Técnicas) sobre la supuesta inocuidad del
glifosato, ponen en una situación lastimosa y vergonzosa al
sistema científico nacional y se constituye como un asesor
sesgado, con serios conflictos de intereses en torno a los agronegocios.
A nivel local, el Gobierno de la Provincia de San Luis, insiste en
una política dirigida al posicionamiento de marcas y no de
soluciones de problemas. Árboles plantados por habitante, la
reglamentación de cotos de caza, la entrega de algunas semillas
para sembrar no se sabe donde, bonos de carbono y el balance cero,
constituyen los ejes de trabajo de su Ministerio de Medio Ambiente.
Sobre problemas concretos y acuciantes como el de los campesinos,
ni una palabra en un portal, ni en los diarios, ni en los discursos.
Los campesinos apelan a convocar voluntades a trabajar en repensar
las formas de producción, a llevarlas adelante a contribuir
con conocimiento, con acción, con apoyo, con iniciativas. Hoy
la vida en el campo no es arcaica, no es retraso, no es abandono,
es un estilo de vida como otros que merece su lugar, su espacio, su
tiempo, sus leyes. Merece atención, compromiso y respeto.
Fuente: Antonio Mangione, publicado en Peligro
Ciencia