Cada cual atiende su juego

Garbarino, garantía de desconfianza

San Luis (Pelr) 14-11-11. La nota está escrita en primera persona porque no le pasó a otro. Fue en la tarde noche del jueves 10 en la sucursal ubicada en Belgrano y Rivadavia de la ciudad de San Luis de Garbarino. La impericia, el desgano y/o lo que fuere debí pagarlo con dinero de mi cuenta bancaria sin haberme llevado un solo artículo de la casa de electrodomésticos. "No puedo hacer nada para solucionarlo" dijo el vendedor, mientras el gerente se hacía el sota y se cruzaba al bar de enfrente y se quedaba tomando un café, sin poner la cara ni dar una respuesta.

Soy cliente de la casa desde hace bastante tiempo. No el mejor, probablemente, pero siempre compro de contado -obviamente porque me conviene el descuento a través de la tarjeta de débito de mi banco, con la que recibo el 15% de rebaja directa por un convenio que mantienen con la entidad crediticia-.

Esto ya me había pasado con un artículo de mucho menos valor que el que iba a adquirir el jueves: aquella vez era un calefactor que me lo vendieron como "Tiro balanceado en U" y después resultó uno común de tiro al exterior directo y el ofrecido y vendido no existía en stock. Lo supe cuando abrieron la caja y el despachador aseguraba que era lo mismo. Ese no me servía, pero ya estaba pagado. En síntesis, aprendí que luego, en mi resumen, el dinero devuelto pagaba ingresos brutos -con el que la provincia nos sigue castigando a quienes tenemos cajas de ahorro- y mi saldo, sin llevarme nada, mermó casi un 2% del valor del producto que finalmente no adquirí. Nadie dio una respuesta.

Esta vez volvió a ocurrir, pero fue por un problema con el posnet. Bastante apurado y atendiendo a dos o tres personas juntas, Matías me vendió el artículo que buscaba, pero dijo que había un problema con el adminículo que utilizan para cobrar con tarjeta de débito. Fue consultó, etc., hizo la factura y una vez en la caja, ante la insistencia sobre el descuento, el cajero me dijo que debido a que no tenían bien el posnet, el ring raje o qué se yo, no podían hacer el descuento del 15%. Entonces le dije que no lo llevaría, porque sin el descuento, en el negocio que está 20 metros más hacia el norte, por la Vía Rivadavia, salía más barato. Dijo que iba a consultarlo con el gerente y urgente -sin necesidad- anuló los cupones. A esa altura, con solo esa operación por 2 mil pesos, había entrado en pérdida, llevara o no llevara el artículo.

El gerente estaba muy ocupado en su oficina, arriba; cuando bajó al filo del cierre de la sucursal, le dijo algo a Matías y se escabulló raudo para que no se le hiciera tarde para tomar el café en el bar que está cruzando la calle y vende también alfajores de Balcarce.

No fue una solución, sino un "arreglate como puedas" y como no pudo, no llevé las cosas. Y me descontaron casi treinta y dos pesos, que no me harán ni más rico ni más pobre, pero que eran míos y los perdí por la inoperancia, la imprudencia o la estupidez de quienes me atendieron. Como si hubiesen planificado día y hora, el viernes recibí en mi correo electrónico la oferta especial para los clientes del Nación, donde anunciaban "un 15% con todas las tarjetas".

Puedo decirle, para que se cuide, que Garbarino es, sin lugar a dudas, garantía de desconfianza. Las pruebas al pié de la presente.

El descuento se vio reflejado en el resumen el día viernes por la tarde.

El mismo viernes recibí, como una burla, las ofertas destinadas a los clientes del banco que Garbarino pocas horas antes no pudo hacerme por problemas internos que ellos tenían.

 

Informe: Gustavo Senn
gustavosenn@gmail.com

 

 

 

 
   
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