Opinión - por Berta Arenas, diputada nacional

Luchar por nuestra memoria, luchar por nuestros derechos

Nuestro país ha sufrido numerosas interrupciones al orden democrático durante el siglo pasado. La represión y el uso de la violencia por parte del Estado fueron moneda corriente en un país que vivió grandes violaciones a los derechos humanos en reiteradas oportunidades, acompañadas por una persecución despiadada hacia los gobiernos populares.

Hoy se cumplen 41 años del último golpe que azotó la historia de nuestro país, un golpe que es reconocido en la región y en el mundo por tratarse de un plan siniestro. En manos de las Fuerzas Armadas y en complicidad con el establishment periodístico, eclesiástico y económico nacional e internacional se aplicó, en toda la extensión de nuestro suelo, una política de terror y un avasallamiento feroz sobre los derechos sociales e individuales del Pueblo argentino.

El 24 de Marzo de 1976 comenzó la dictadura más sangrienta y macabra que ha tenido lugar en nuestro territorio. La tortura física y emocional, las desapariciones y la muerte de miles de militantes del campo popular, dirigentes políticos y gremiales, militantes sociales, universitarios y barriales forman parte de un capítulo oscuro y tenebroso de nuestra historia.

En nuestra provincia también existió el terror. Gran cantidad de compatriotas, en su mayoría jóvenes fueron víctimas de este infame "proceso", algunos de ellos fueron declarados "desaparecidos" durante el terrorismo de Estado y otros incluso fueron asesinados en plena vía pública por las fuerzas de seguridad.

Ana María Ponce, Domingo Britos, Marcos Ibañez, Santana Alcaraz, Jorge Reynaldo Ruarte, Norma Monardi, Jorge Gabriel Pujol, Lubino Amodey, Félix Roque Giménez, Aldolfo Enrique Pérez, Leonor Rosario Landaburu de Catnich, Carlos Luis Mansilla, María del Carmen Bosco, Carlos Juan Allende, Fred Mario Erns, Luis Canfaila, Alfredo Felipe Sinópoli, Luis María Frumm, Graciela Fiochetti, Julio Everto Suárez, Elsa Alicia Landaburu, Mauricio López, Dante Bodo, Jorge Luis Raffa, José Oscar Robustelli, Ricardo Enrique Saibene, Jorge Omar Cazorla, Tomás Horacio Carrucaburu, Nolasco Leyes, Anibal Torres, Pedro Valentín Ledesma, Angel Arturo Avellaneda y Domingo Edgardo Chacón son los sanluiseños y sanluiseñas que fueron víctimas de la última dictadura militar. Los recordamos hoy y siempre, desafiando a la muerte y al olvido volviéndose ejemplos vivos de memoria, verdad y justicia.

Este día no es un día más para nosotros, el 24 de Marzo tiene un contenido político muy importante, es el día que reivindica la memoria de nuestro Pueblo; es la lucha por la recuperación de nuestra historia y nuestra identidad. Por eso debemos estar atentos y combatir a aquellos que pretenden echar un manto de olvido y banalizar u ocultar la manifestación popular en un día como este echando por tierra nuestras conquistas. Esta fecha tiene que ser hoy y siempre feriado, ya que recordar es el primer paso para generar una conciencia democrática en la sociedad argentina, una conciencia que ponga en valor la lucha por una sociedad justa e igualitaria. Recordar es el mejor aprendizaje para las generaciones de hoy y las que vendrán.


La clase política y la ciudadanía en general debe tener un compromiso real y permanente con la democracia de nuestro país. No debemos permitir que estudiantes, docentes, obreros y jubilados vean afectados sus derechos en consecuencia de las políticas llevadas a cabo por el actual gobierno. En memoria de aquellos que perdieron la vida en el sueño de un país solidario y libre no podemos permitir la demonización y estigmatización de la protesta y la actividad política, y mucho menos hacer oídos sordos al reclamo social por trabajo, salario digno, salud y educación.

La memoria debe darle unidad al campo popular para alcanzar el ideal de la patria justa, libre y soberana. Debemos defender la democracia que supimos conseguir, derrotando de una vez por todas a la impunidad y a la injusticia, ya que es solo en la incesante búsqueda de la verdad que lograremos la paz y el bien común. Sin derechos no hay democracia.


 

 

 

 

 

 

 

 

 
   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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