Los desheredados de todo derecho

Dolor, indignación, bronca, impotencia...

Allí, casi al alcance de la mano, elevado, para que todo el mundo lo vea, un cartel de leds sobre la autopista va cambiando y dice: "Usted está viendo el edificio de Terrazas del Portezuelo, la nueva sede gubernamental" o alguna boludez por el estilo. Abajo, un nene de unos cuatro o cinco años se arremanga los pantaloncitos y comienza a cruzar el río Chorrillos descalzo. Tiene apenas un pullovercito. Su mamá, un poco más allá, hace lo mismo, con otro chiquito en brazos. Cae la tarde, vuelven a su casa. ¿Esa choza de nylon es una casa? El frío taladra hasta los huesos. A lo lejos, a unos 600 o 700 metros, se alza imponente la pirámide con sus 30 mil focos que permanecen encendidos día y noche. Siento ganas de vomitar y de putear a alguien. Tengo bronca, particularmente conmigo.

Aunque el cuadro no tiene nada de poético, inmediatamente se viene a mi memoria la palabra del poeta: "Es honra de los hombres, proteger lo que crece, cuidar que no haya infancia dispersa por las calles, evitar que naufrague su corazón de barco, su increíble aventura de pan y chocolate. Poniéndole una estrella en el sitio del hambre, de otro modo es inútil, de otro modo es absurdo, ensayar en la tierra la alegría y el canto, porque de nada vale..." si hay un niño con hambre, si hay un niño con frío... le cambio a la canción de Armando Tejada Gómez.

"No debe andar el mundo con el amor descalzo... porque entonces las manos son inútiles fardos y el corazón apenas, una mala palabra... Yo los veo apretando su corazón pequeño; mirándonos a todos con fábula en los ojos, un relámpago trunco les cruza la mirada: Porque nadie protege esa vida que crece y el amor se ha perdido, como un niño en la calle..".

Y me siento un hipócrita desde la comodidad de mi abrigo. Y lo siento también a usted, un hipócrita, leyendo este artículo en su oficina calefaccionada, mientras allí en esa choza lloraban de frío.

Y me siento responsable por no haber gritado desde la comodidid de la oficina de prensa: "Callate atorrante!!!" cuando en su discurso inaugural decía que quería ser recordado como "el gobernador de los pobres". Si, Alberto, sos el gobernador del despilfarro y la miseria. Ese contraste repugnante.

Y me revienta también los que llegaron "en cuatro por cuatro" buscando votos para la elección que se viene. No sé de que partido son, pero seguro lo olvidarán después del 23 de octubre.

Las luces de la pirámide derrochan día cuando avanza la noche. Allí, más abajo, en este lugarcito que pronto arrasarán para hacer otra autopista no hay ni un foco. Las únicas velas que se ven son las de los mocos que cuelgan de esa naricita pequeña, indefensa. Y se van haciendo duras, una costra, sobre esa carita también pequeña, desamparada.

Nunca me pasó de no poder hacer una entrevista. Lo dejo a Carlos. No puedo mirarlos a los ojos. Tengo vergüenza: personal, como sociedad, como humanidad. Siento una rara sensación: tengo nauseas, bronca, impotencia, enojo conmigo. Y vuelvo a mi casa y vuelvo a sentir vergüenza por tener un plato de comida caliente en la mesa y la calefacción encendida y las frazadas con que abrigarme. Las imágenes me persigen en sueños. Y está bien que así sea. Tengo ganas de llorar y lloro, a moco tendido.

"Es honra de los hombres, proteger lo que crece..." dice el poeta. Pero, irremediablemente siento que mis manos "son inútiles fardos" y mi corazón "apenas, una mala palabra".

Gustavo Senn
gustavosenn@gmail.com

 

 

Cruzar descalzo el río con un frío que taladra los huesos

Las imágenes del otro lado del río, del país que está dentro del "otro país"

 
   
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