Habrá un puntano entre quienes realizan la travesía

A 200 años de la hazaña sanmatiniana, militares argentinos y chilenos inician este viernes el Cruce de los Andes

Imagen ilustrativa de un cruce anterior publicada en el portal www.crucedelosandes.com.ar

A 200 años, unos 600 efectivos iniciarán la epopeya del general José de San Martín, utilizando las mismas rutas que emplearon cinco de las seis columnas del Ejército del Libertador para llegar a Chile. También habrá un puntano entre quienes realizarán el cruce. Roberto Lucero Mondino representará a San Luis al integrar el contingente que este 27 de enero replicará la épica travesía.

De la expedición participarán más de 230 personas, entre personal del Ejército Argentino, Gendarmería e invitados especiales, entre los que se cuenta Mondino, que además de representar a la provincia viajará también con un motivo institucional, ya que es miembro del Rotary Club Sierras San Luis, por lo que llevará consigo el mensaje de paz, buena voluntad y unidad de la citada entidad.

A la madrugada y con temperaturas que se anticipan cercanas a los cero grados, partirán desde Uspallata una columna binacional, integrada por 35 efectivos chilenos y 35 argentinos; otra compuesta por 158 argentinos, y una tercera columna logística, que incorpora a 50 hombres para prestar apoyo a las otras dos.

En tanto, desde el Centro Cívico de San Juan partirá la columna que pasará por el paso de Los Patos con 205 efectivos, 105 montados a lomo de mula, 35 chilenos y 35 argentinos que llegarán al límite internacional y luego seguirán a pie a Chile para terminar su marcha en la ciudad de Chacabuco donde el 12 de febrero, aniversario de la batalla, habrá un acto en el que estará la presidenta, Michelle Bachelet.

Adriano Carrasco Romero, jefe de la columna de Uspallata, dijo que será la primera vez que cruzará Los Andes pero que muchos miembros de su compañía ya lo hicieron.

"Como este emprendimiento se realiza en homenaje a los 200 años de esta epopeya queremos que salga todo perfecto", señaló.

Carrasco Romero afirmó que "también para Chile esto es algo muy especial porque se cumplen los 200 años de la batalla de Chacabuco, que los liberó de España", y destacó que seguirán "el mismo itinerario que utilizaron Juan Gregorio de Las Heras y Fray Luis Beltrán. La de Uspallata era una de las columnas secundarias, la principal era la de Los Patos que lideraba San Martín", explicó.

El militar aseguró que durante el trayecto "se recrearán dos combates que libró la columna de Las Heras, una en Picheuta y otra en la zona de Cuesta de Vacas, que estará a cargo del regimiento de Infantería 11 de Montaña".

"Nos preparamos para esto desde hace seis meses y en Chile habrá varios actos en unidades militares y pueblos donde pasó Las Heras para conmemorar este hecho histórico", dijo, "en donde una nación que no llegaba a definirse como país liberaba a otro pueblo para lograr su independencia".

Militares chilenos que participarán del cruce aseguraron que las marcas que quedaron a través de las rutas sanmartinianas fueron tales que en Chile "hay un pueblo que se denomina Cariño Botado, que es un lugar en donde debía pasar una columna de San Martín donde la gente la esperaba con algarabía, pero los militares argentinos pasaron por otro lado ante el temor de que allí se estuviera armando un complot para sorprenderlos".

El Municipìo de Las Heras, que integra el gran Mendoza y alberga el campo històrico de El Plumerillo, desde hace semanas realiza festejos en las calles con la presencia diversos artistas, mientras algo similar aconteció hoy en el Cerro de la Gloria, en la capital provincial, donde las tropas de San Martìn y Las Heras se dividieron en diversos caminos.

El texto añade: "Hemos asumido un compromiso con los argentinos y ningún tipo de acto hará que nos desviemos del camino que estamos recorriendo juntos".

Una historia sobre la inteligencia que utilizó San Martín

Por Esteban Dómina*

El ejército realista era superior en cantidad de hombres al de los Andes. Por esa razón, una de las claves de la victoria era el efecto sorpresa, caerle al enemigo sin que supiera desde dónde provendría el ataque.

Con ese propósito, San Martín trazó una estrategia de inteligencia para confundir a los mandos españoles: planificó el paso de la cordillera por seis lugares diferentes, aunque el grueso del ejército utilizaría sólo dos y el resto serían destacamentos menores.

Abrió entonces un frente de 700 kilómetros, entre el paso más septentrional ubicado en la provincia de la Rioja y el más meridional, en la provincia de Mendoza. De ese modo, el Gran Jefe confiaba en dispersar las fuerzas enemigas y sacar ventaja de ello en el combate decisivo.

La llamada “guerra de zapa” fue la estratagema puesta en práctica para difundir información falsa, infundir temor y desmoralizar a las ropas realistas. Manuel Rodríguez, el famoso guerrillero, fue uno de los operadores más activos del plan de inteligencia trazado.

En esta línea se inscribe una operación tan ingeniosa como audaz, que condujo el Libertador en persona. Los pehuenches era un pueblo originario que moraba en el centro oeste de Mendoza, al pie de la cordillera. San Martín decidió entrevistarse con sus caciques en el Fuerte de San Carlos, con el objeto declarado de solicitarles autorización para que el ejército pasara por sus tierras para cruzar a Chile por el paso del Planchón.

Siguiendo las “Memorias del General Miller”, un oficial de artillería que formó parte del ejército, se puede recrear el encuentro que tuvo lugar en septiembre de 1816. Las diversas tribus se acercaron a la explanada del fuerte; al frente iban los guerreros, montados y ataviados como para combatir, y detrás las mujeres y niños. Cada tribu efectuó un simulacro de combate, que duró varias horas, permaneciendo las tropas formadas en orden de parada. Cada cinco minutos, un cañón disparaba una salva que era festejada con alaridos por los visitantes.

Cuando llegó el momento de conferenciar, unos cincuenta caciques y capitanes se sentaron a una mesa presidida por San Martín, quien tenía a su lado al padre Julián, que hacía de intérprete. El anfitrión les comunicó que los había invitado para ofrecerles los presentes que traía –un requisito esencial para lograr buena disposición- y pedirles permiso para atravesar su territorio, diciéndoles que los españoles eran tan enemigos de ellos como del gobierno cuyano.

Enseguida se hizo un profundo silencio. Al cabo de unta tensa espera que duró largos minutos, Ninconyancu, el cacique más anciano, habló en nombre todos, diciendo que, salvo tres caciques, el resto de los presentes prestaba su consentimiento.

A la conferencia siguió la entrega de los regalos: aguardiente, vino, bridas, espuelas labradas; vestidos, sombreros y pañuelos, cuentas de cristal, futas secas y todo cuanto se reunió con ese fin, que fue recibido con gran regocijo. A su turno, los jefes pehuenches ofrecieron al general vistosos ponchos tejidos por sus mujeres.

Según cuenta Miller, esa misma noche se dio rienda suelta a las borracheras, una celebración ceremonial que seguía a los grandes eventos. Se sacrificaron algunas yeguas, cuya sangre era bebida por los aborígenes antes de asar la carne, conservando el cuero para usarlo de receptáculo donde vertían aguardiente y vino. El ritual se extendió durante tres días, hasta que se acabó la bebida.

San Martín permaneció hasta entonces y luego partió de regreso al Plumerillo. La operación había sido exitosa, habiéndose instalado la convicción de que el ejército marcharía por el Planchón, una noticia que no tardó en llegar a los oídos de Marcó del Pont, quien separó parte de sus fuerzas para cubrir esa región. El objetivo estaba cumplido.

Lo que más apreciaron los pehuenches, fue que San Martín se aviniera a tratarlos como iguales, dignamente.

*Concejal e historiador


 

 

 

 

 

 

 
   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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