Opinión - Por Marcelo Bentolila presidente Sociedad Israelita de Beneficencia de San Luis

"Gracias a Nisman sabemos qué pasó y quiénes son los responsables”   

En este momento se impone rescatar la figura de Alberto Nisman y lo que su trabajo significó para el esclarecimiento del atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA). Para ello, conviene dividir la causa AMIA en dos partes. Lo que podríamos llamar “causa AMIA I” implica una investigación vergonzosa y un auténtico mamarracho judicial. Durante esa etapa, la pesquisa estuvo a cargo del ex juez federal Juan José Galeano, que desplegó una actividad dirigida a sembrar la causa de mentiras y falsedades. Con la perspectiva de los años, da la sensación de que Galeano sabía desde un principio sobre la pista de Irán y que hizo todo lo posible por desviar la atención. Lo único cierto de ese período es la imputación de Carlos Telleldín, que efectivamente fabricó el coche bomba.

Tras el juicio oral de 2004 que acabó en la absolución de los imputados y en la denuncia de las irregularidades halladas en la investigación, el Ministerio Público designa a Nisman como fiscal especial del caso y ahí comienza la “causa AMIA II”. Hay que decir que esa decisión tuvo el apoyo del entonces presidente Néstor Kirchner.

A Nisman le toca desandar el camino que habían seguido Galeano y compañía. Ello significó una tarea muy ardua puesto que había que descartar las versiones “plantadas”, purgar los vicios y rescatar los elementos válidos para continuar sobre terreno firme. A partir de un análisis sorprendente de información de inteligencia, que incluyó cruces de movimientos de cuentas bancarias, de viajes en avión y de llamados telefónicos, Nisman llegó a determinar que la cúpula que en ese momento gobernaba Irán y que aún lo gobierna, es decir el regimen de los Ayatollas, se había reunido en Mashhad, segunda ciudad del país, en Septiembre de 1993 para planificar el atentado que cometerían 10 meses más tarde. Entonces, la decisión, la autoría intelectual del crimen, fue obra de Irán mientras que la ejecución corrió por cuenta de Hezbollah. La tarea investigativa de Nisman incluso permitió confirmar que Ibrahim Hussein Berro, militante libanés de esa organización terrorista, se había inmolado en la operación de la AMIA.

El trabajo del fiscal especial permitió asimismo dilucidar la actuación de Mohsen Rabbani como la tan buscada “conexión local”. Este clérigo musulmán, que tenía vínculos fluidos con los servicios secretos del régimen de los ayatollah, se desempeñaba en Argentina como el líder de la mezquita de Flores. Cuando vio que su situación se complicaba, ingresó a la Embajada de Irán con el puesto de agregado cultural para obtener impunidad diplomática. Después e inexplicablemente, el Gobierno de Carlos Menem, en vez de detenerlo, lo expulsó del país. 
Ahora pedimos la extradición de quien vivió con nosotros desde los primeros años de la década de los 80 hasta finales de 1997. Lo tuvimos aquí. Lo dejamos ir. Ahora pedimos que nos lo envíen.

Cada 18 de julio, cuando recordamos el atentado y a sus víctimas, en la Sociedad Israelita de Beneficencia de San Luis y en Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) Filial San Luis, decimos que no es cierto que no haya verdad ni justicia porque sí hay verdad. Gracias a Nisman sabemos qué ha pasado y quiénes son los responsables. Entre ellos, ocho funcionarios iraníes que no se someten a la jurisdicción argentina y cuya acusación consta en el ejemplar dictamen de 802 páginas que Nisman presentó el 25 de Octubre de 2006. Entonces y como decía al comienzo, se impone rescatar la figura del fiscal general que esclareció la causa AMIA.

En 2013, un gobierno que comenzó defendiendo los Derechos Humanos y terminó defendiendo algunos derechos de algunos humanos, pactó vergonzosamente con Irán.

Un pacto de impunidad cuyos oscuros motivos fueron descubiertos por Alberto Nisman, Z"L. Un ser humano que se quedó sin derechos. Quedó expuesto.

En Enero de 2015 interrumpió sus vacaciones en Europa para venir a defender su trabajo, esa ejemplar tarea que lo llevó a poner luz sobre el acto de guerra perpetrado por Irán en argentina, contra los argentinos en 1994.

Lo asesinaron.

Queremos saber quién asesinó a Alberto Nisman. Sabemos por qué. Sabía demasiado. Iba a hablar. Estaba hablando. Era mayor el costo político de dejar que siguiera hablando que asesinarlo. Sabemos  quién gobernaba nuestro país cuando lo asesinaron. Queremos saber que más hizo Diego Lagomarsino además de darle el arma a Alberto, de abrirles la puerta a sus asesinos aquel sábado, de borrar sus computadoras y celulares después del disparo que provocó su agonía. Queremos saber quién le dio la orden. Fue el antisemita Fernando Esteche ? Fue el judeófobo Luis Delia? La orden superior vino de Anibal Fernandez, de Cesar Milani, o de la mismísima ex presidenta?

Queremos saber que conocimientos nucleares le estaba vendiendo la Argentina a Irán para haber provocado semejante obsesión en la ex presidenta para entenderse con una de las teocracias fundamentalistas más brutales de nuestro tiempo.

Queremos saber. Tenemos derecho a saber. Exigimos saberlo todo sobre este magnicidio. Si la justicia no es capaz de resolverlo, se impone preguntarnos si algunos sectores de la justicia no se han convertido en un juntadero antiecológico de papeles al servicio del poder político de turno.

Queremos vivir en una República, no queremos que nuestra Argentina, en términos de Santiago Kovadloff, haya muerto con Alberto Nisman del mismo disparo en la cabeza.


Marcelo Bentolila

Presidente


 

 

 

 

 

 

 
   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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