Sigue la tensión entre fumigadores y fumigados
Organizaciones ecologistas acusaron esta semana a un empresario
de fumigaciones rurales de haber amenazado y presionado a una mujer
que reside lo denunció por haber realizado una aplicación
aérea a una distancia prohibida.
Quince años después de su sanción, la ley que
regula la aplicación de agroquímicos en los campos sigue
enfrentando a vecinos de pueblos y ciudades de la pampa santafesina.
Organizaciones ecologistas acusaron esta semana a un empresario de
fumigaciones rurales de haber amenazado y presionado a una mujer que
reside en la ciudad de Rufino y que lo había denunciado por
haber realizado una aplicación aérea de plaguicida cerca
de su casa y de haber volado la aeronave por encima del casco urbano,
acciones que están prohibidas por la ley 11.273.
El incidente es un capítulo más de la tensión
permanente que recrudece en los pueblos de la geografía sojera
desde que se avecina la siembra y mientras transcurre el ciclo del
cultivo, tal como sucede ahora, cuando los agricultores protegen sus
cultivos de malezas e insectos con diversos plaguicidas, para los
cuales la ley les impone algunas restricciones.
Los conflictos se desencadenan en los lotes que circundan a los cientos
de pueblos que están dentro de las 18 millones de hectáreas
que en el país están cultivadas con soja, bajo el modelo
de siembra directa que requiere el tratamiento intensivo con agroquímicos.
El miércoles 13, una vecina de las afueras de Rufino (ciudad
de 18.000 habitantes situada junto al límite con Córdoba
y Buenos Aires) denunció ante la Guardia Rural de Policía
y ante el Ministerio de la Producción provincial que una avioneta
estuvo fumigando en cercanías de su vivienda, próxima
a la ruta 7, y que incluso sobrevoló el ejido urbano.
“El fumigador había sido multado el año pasado
por una infracción similar, y ese mismo avión no está
inscripto en el registro que impone la ley fitosanitaria”, contó
el ingeniero agrónomo Mario Monti, referente local del Ministerio
de la Producción. Esa norma prohíbe fumigaciones aéreas
a menos de 500 metros de un poblado. El funcionario y varias organizaciones
ecologistas afirman que ese límite no es tenido en cuenta ni
por los prestadores del servicio ni por los productores que lo contratan.
La ley 11.273 es más contemplativa para el caso de las fumigaciones
con los equipos terrestres de pulverización como los llamados
“mosquitos”. Admite su trabajo dentro del radio de 500
metros de plantas urbanas, pero sólo con agroquímicos
de baja o nula toxicidad. Y en esto también hay una polémica
vigente que demanda la revisión de la norma provincial, sancionada
en 1995, cuando recién explotaba el boom sojero a través
del modelo de siembra directa con semillas transgénicas, resistentes
al glifosato.
REPRESALIAS. La denunciante, que pidió mantener su identidad
en reserva, se apoyó en la ONG Centro de Protección
a la Naturaleza, desde donde revelaron que luego de la presentación
policial, el dueño de la avioneta fue hasta la casa de la mujer
para que retirara su denuncia. Como ésta rechazó esa
pretensión –dijeron– el empresario “la amenazó
verbalmente y luego la intimidó con el llamado telefónico
de una abogada que mencionó futuras acciones legales en su
contra por el lucro cesante” que habría sufrido el fumigador
por la sanción impuesta.
El director del hospital de Rufino, Silvio Teixidó, refirió
que para esta época es común atender casos de alergias
cutáneas y de gastroenteritis, aunque aclaró que no
tiene la certeza de que esas patologías sean atribuibles a
las fumigaciones agrícolas.
Para el dirigente de la ONG Grupo Reflexión Rural, Jorge Rulli,
el conflicto entre fumigadores y fumigados “no se puede parar
porque el modelo sojero se ha naturalizado. El kirchnerismo pretende
echarle la culpa a la Mesa de Enlace, pero lo cierto es que el gobierno
no hace nada por modificar eso. Es el modelo de país”,
dijo.
Una receta que no se discute
En diciembre pasado, la Cámara de Apelaciones en lo Civil
y Comercial de Santa Fe ratificó un recurso de amparo presentado
por vecinos de la ciudad de San Jorge para prohibir por seis meses
las fumigaciones a menos de 1.500 metros de la zona urbana –para
las aplicaciones aéreas– y a menos de 800, para el caso
de las terrestres.
Para entonces, el Ministerio de Producción deberá informar
sobre el grado de toxicidad de los productos empleados y determinar
si es conveniente o no continuar con ese modo de protección
de los cultivos.
El producto clave de la agricultura actual –el glifosato–
es considerado por ley como de baja toxicidad, pero existen informes
médicos que lo cuestionan. Como el que elaboró en 2006
el Hospital Italiano de Rosario y otras entidades. Ese trabajo estudió
pueblos del sur santafesino donde hay uso intensivo de agroquímicos
y concluyó en que los casos de malformaciones y de algunos
cánceres que registraron esas localidades superan el promedio
nacional.
Mario Monti recomendó sumar denuncias para forzar la revisión
de la ley y del modelo en sí mismo. Y eso que es ingeniero
agrónomo, una profesión directamente involucrada con
la actividad. “Así como los farmacéuticos terminaron
envolviendo cajitas de medicamentos, los ingenieros agrónomos
terminamos aplicando una receta tecnológica sin posibilidad
de discutirla”, se sinceró.