Opinióon - Por Alfredo Grande - agencia pelota de trapo
La corte de Troya
“Ulises decidió que no podían triunfar como
guerreros, pero podían vencer como gusanos. Inventó
su caballo. La historia lo recuerda como el astuto. En realidad, un
psicópata.” (aforismo implicado)
“LA CORTE DETERMINO QUE URUGUAY VIOLO EL TRATADO, PERO DIJO
QUE NO HABÍA RAZONES PARA QUE BOTNIA NO SIGUIERA FUNCIONANDO
UN FALLO PARA NO CONTAMINAR LA RELACIÓN.
Como se esperaba, la Corte de La Haya dio un veredicto que no dejó
ni vencedores ni vencidos. Tanto el gobierno de Argentina como el
de Uruguay mostraron su conformidad.
En Gualeguaychú prometieron seguir con la protesta.
En un fallo dividido, en el que concedió a cada parte algo
y también le negó otro tanto, la Corte Internacional
de Justicia de La Haya consideró que Uruguay violó el
Estatuto del Río Uruguay al permitir la instalación
de la planta de Botnia de manera inconsulta, pero evaluó que
aún no se pudo establecer que la pastera haya contaminado el
río, por lo que no hay razones para que no siga funcionando.
Conocida la sentencia, los gobiernos de Argentina y de Uruguay se
consideraron satisfechos y apuntaron a una pronta normalización
de la relación bilateral. Los vecinos de Gualeguaychú,
que siguieron la lectura del fallo desde la ruta a través de
una pantalla gigante, gritaron su disconformidad -algunos con lágrimas
en los ojos- y prometieron continuar con su protesta, por la que mantienen
cortado el puente internacional desde hace más de tres años”.
(Fernando Cibeira - Página/12 21-04-10)
(APe).- Astuta la Corte. Pero no me hallo con La Haya. Para mí,
no hay Corte que valga. O que “haiga”. Tanto tiempo de
espera, parto jurídico prolongado, y nace una sentencia anencéfala.
Sin cabeza, y con pie deforme. O sea: si los dos estás satisfechos,
me refiero a los gobiernos, es porque los dos están insatisfechos,
pero mejor no reconocerlo. Un gobierno frígido, otro gobierno
impotente. La pareja ideal: “no soy yo, sos vos”. Lamento
borincano y rioplatense donde todo nos une, y la contaminación
no nos separa. El mecanismo de la Corte de No Haiga es el habitual
de la cultura represora. Si y no. Si pero no. Má si…!!.
Es decir: la simultaneidad de dos afirmaciones excluyentes. Resultante:
bronca, parálisis, sonrisas cómplices, estupor, alivio,
catarsis, flatos mentales, coitus mentalis interruptus. El consuelo
no de los tontos, sino de los astutos. “No me entristezco del
todo, porque el otro no puede alegrarse tanto”. Dos borrachos
que se sostienen y piensa cada uno que el otro se cae si no lo tiene
agarrado.
La Ley, absoluta, soberana, inapelable, sostiene algo de la divinidad
perdida. La Ley de la Corte de Manga que es la Palabra Sagrada de
la Comunidad Internacional Civilizada. El Corte de la Ruta, la barbarie.
¡Cuidemos la civilización!. Alguna vez la política
nacional se polarizó con “Braden o Perón”.
Sostengo una polaridad necesaria: “La Corte o El Corte”.
Desde ya, el coro estable de los niños y niñas cantores
de Viena dirá: legalidad o muerte. Por el momento simbólica,
o económica, o ambiental. Si los del Corte nos ponemos pesados,
la democracia tiene otras opciones, aunque no se hace responsable
del uso del ascensor habiendo escaleras para subir a los últimos
pisos del estado de derecho. Como es habitual en la cultura represora,
la cuestión de fondo no se plantea. Se soslaya. Astutamente.
O, simultáneamente, se la plantea pero se la desestima. Mas
astucia. La Corte de Manga reconoce que hubo violación por
parte de Uruguay del Tratado del río Uruguay. Incesto. Por
lo tanto, el producto de la violación no es viable. Sobre todo,
cuando ese producto sigue violando. O sea: contaminando. Pero claro:
la Corte cree que el Corte fue mero capricho pueblerino, más
allá de que en los dorados tiempos de la transversalidad a
rajatabla, en los tiempos A.C. (antes de Cobos), el gobierno nacional
apoyó todos los cortes todos.
La Corte de la Haiga desconoce la violación incestuosa de un
país padre sobre uno de sus hijos ríos. Faltaría
que acudan, como algunos jueces que desestiman el abuso sexual de
menores, al delirante “síndrome de alienación
parental” o a la astuta apelación de la “co-construcción
del relato”. Astutas estrategias para legitimar la violencia
ilegal del victimario sobre la víctima. Las pruebas de la infamia,
difíciles de llevar en la maleta como propone el tango, son
desestimadas. No contamina, ¿viste? Políticamente correcto,
ambientalmente insoportable. En el sur de nuestro país la contaminación
ambiental, especialmente de los suelos, aumenta en forma absurda la
incidencia del osteosarcoma (cáncer en lo huesos) de los niños.
Por favor, que nadie proponga llevar el tema a la Corte de No Haiga.
Nuestro río Uruguay puede ser contaminado, ya que no es un
Imperio Colonizador que lo hace.
Con las Malvinas no se jode, al Uruguay que lo monten. Astuta soberanía
Pero por un momento, aceptemos que el producto es puro y sin mancha.
No contamina, ¿viste? ¿Y de la violación, que?
Porque una violación, aunque sea de un Tratado es algo grave.
El gobernador Scioli propone avanzar en las conversaciones bilaterales.
Paso. Con un violador no se habla. La Astuta Corte de la Manga: ¿sanciona
al Estado Violador, que comete un crimen de lesa humanidad, ya que
los efectos de la brutalidad pastera se mantienen en el tiempo? Supongo
que no será un revival de la Ley de la Caducidad de la Pretensión
Punitiva del Estado. El Estado Argentino: ¿renuncia a su pretensión
punitiva? O sea: ¿avalamos la peor de las impunidades, la estatal?
Nos violaron el tratado, astutamente, y entonces nosotros nos hacemos
“fans” de Heráclito, y no nos bañamos dos
veces en el mismo río, pero no por cuestiones filosóficas,
sino porque está contaminado.
Ni vencedores ni vencidos, en realidad, triunfadores y jodidos. Como
el hermanito río Uruguay, con un padre violador y una madre
que sabe pero deja. Como decir “des endeudamiento” a la
mera operación de pagar deuda. O decir “deuda ilegítima”,
cuando en realidad es una estafa colosal. O decir “honrar la
deuda”, cuando se la honró demasiado, y sigue pidiendo
honras y laureles, que corremos el riesgo de olvidar como los supimos
conseguir. Pecado de Bicentenario. Por suerte, en estos tiempos de
modernidad líquida, como enseña Zygmunt Bauman, apareció
un sólido. La Corte o El Corte. La Corte no se bajará,
inapelablemente. Y El Corte sufrirá todo tipo de apriete, de
contaminación ideológica y política, serán
los villanos de esta otra astuta historia, culpables de catástrofes
turísticas y económicas. Pero resistieron. Y resistirán.
Ellos son, a mi criterio, los luchadores de Gualeguaychú, los
anarco ambientalistas de esta historia. Y se detienen, con firmeza,
para que la historia de los depredadores no les pase por encima.
El astuto Eduardo Feinman, pretende contaminarla con sus comentarios
reaccionarios. No lo logra. Y evidencia, a su pesar, que el Uruguay
es mucho mas que un río. Será la correntada que limpiará
los establos de augías de los Estados que eligen la Ley y renuncian
a la Justicia. El Corte es una expresión del Bicentenario de
los Pueblos, porque la pastera no vino para hacer el bien, sino que
la echaron del lugar de origen para que no siguiera haciendo el mal.
Y cuando la convicción es firme, no hay astucia que valga.
No tendremos la conciencia culpable de Troya que termina abriendo
sus puertas de la peor manera. Sucumbiendo a la astucia del enemigo.
Esta Corte de Troya nos entrega una sentencia/caballo que encierra
en su vientre los gusanos de la destrucción. A los luchadores,
que no abran las puertas del río. La historia también
los absolverá.