Opinión - Por Alfredo Grande
El secreto de sus piojos
“-Disculpame, querido León. Pero no todo
está clavado en la memoria”
(aforismo implicado)
La cartera de Educación porteña censuró materiales
pedagógicos del Bicentenario por su “tendencia ideológica”.
Hay libros que el ministro no deja leer en el aula. “Como ministro
no puedo permitir que se publiquen materiales con alguna tendencia
ideológica”, argumentó Esteban Bullrich.“Creo
que ningún jefe de Gobierno, ni ministro, ni director de Area
debe definir o influir en que los docentes y alumnos utilizen (sic)
material con una tendencia ideológica, sea ésta de izquierda,
derecha o ‘centro’”.
“Esteban Bullrich, el sucesor de Abel Parentini Posse en la
cartera educativa porteña, sinceró con este argumento
la decisión de ‘no publicar’ los materiales sobre
el Bicentenario, elaborados por especialistas de la Dirección
de Currícula, aunque sí, en cambio, colgarlos en su
página web personal (www .estebanbullrich.com). Cinco pedidos
de informes en la Legislatura reclamando explicaciones, la publicación
impresa del trabajo realizado durante 18 meses por los docentes, más
un dictamen en el mismo sentido de la Defensoría del Pueblo,
una marcha, dos grupos en Facebook de repudio a la ‘censura
ideológica’ y una rueda de prensa convocada para el viernes
en la Legislatura, muestran que la solución on line del licenciado
en sistemas está lejos de conformar a las partes.
(Nora Veiras, Página/12)
(APe).- Luis Landriscina contaba un cuento. Un señor se levanta
por la mañana y se da cuenta que le quedan 5 pelos. “Me
peino dos para la izquierda, dos para la derecha y uno al medio”.
Al dia siguiente, sólo encuentra 4. “Bueno, dos para
un lado, dos para el otro”. Un día más y sólo
quedan tres: “Uno para la izquierda, otro para la derecha y
el del centro. atrás”. Cuando sólo quedan dos,
resuelve: “una para este costado, uno para el otro”. Finalmente,
al día siguiente se encuentra con un solo pelo. “¡Ma
sí, hoy no me peino!”. Cuando no quedan pelos, se nota.
Cuando no quedan ideas, se nota menos. Suponer que en la educación
puede haber ideas que no impliquen tendencias, mas aún, que
no impliquen firmes posicionamientos ideológicos, es haberse
quedado pelado de neuronas.
El Bicentenario, para el señor ministro del imposible, al
decir del poeta Mario Benedetti, son sólo doscientos años.
Habría que preguntarle: “doscientos años…
¿de que?”. Sin tendencia ideológica alguna, apenas
podríamos balbucear que el pueblo “quería saber
de qué se trataba”, que “French y Berutti tenían
el franchising de las escarapelas”, que “llovía,
pero, como de costumbre, siempre que llovió, paró”,
que “el obispo Lué era un alcahuete de Fernando”
(no, en realidad, esto es un poco tendencioso),bueno, que hay gente
que viene, que hay que gente que va, como en la casa de Irene. Recordar,
conmemorar, evocar, convocar al primer gobierno criollo sin tendencias,
apenas permitiría con el rostro grotesco de Stella y Amore,
los compradores compulsivos de la tele, decir: “la junta de
Mayo financia mejor. Qué grande questa targeta”.
El señor ministro del imposible ha regresado a las épocas
del pensamiento único, pero lo ha mejorado. Ha demostrado tener
un único pensamiento. A los demás pensamientos se los
llevó el peine de la historia. Y el único pensamiento
es que el Bicentenario sea tan descafeinado como nuestro himno nacional,
amputado, castrado, emasculado justamente para el Centenario. Porque
para que las tendencias ideológicas de los criollos no se notaran
demasiado y Infanta no se acalorara, se consideró que, por
ejemplo, “escupió su pestífera hiel”, era
un texto demasiado directo. Por eso tenemos un himno que, en la actualidad,
hasta sirve como cortina musical de un aviso de la banca solidaria.
Seguramente, el ministro del imposible cantará sin preguntarse
cuál es la tendencia ideológica del himno censurado.
Pues bien: es simplemente acallar las voces de los rebeldes de la
Historia, para que todo sea más parecido a un partido de bridge
o de tute, que a una lucha sin cuartel de un pueblo en armas contra
un ejército invasor. Es más grave que censurar. Al menos
Tato, aquel voyeur, no ocultaba que cortaba las películas de
acuerdo con sus obscenas tendencias ideológicas y eróticas.
Cuando en la década del ‘40 se censuraron las letras
de algunos tangos, todos recordaban que “en mi pobre vida paria”
tenía poco que ver con “en mi existencia azarosa”.
La censura prohíbe lo censurado, pero no puede eliminarlo.
La censura no es neutral, ni pretende serlo. El censor es un cerdo
que tiene bien claro en qué chiquero le dan de comer. Pero
este ministro del imposible aspira a que ninguna tendencia “no
de izquierda, ni de derecha, ni de centro” manche el recuerdo
inodoro, incoloro e insípido del Bicentenario. No es poca cosa
señalar que este ministro no está en condiciones mentales
de conmemorar el Bicentenario, porque no puede tolerar tendencias.
Pobres los historiadores revisionistas de la historia “no tendenciosa”
de Mitre. ¿O será una de las tantas zonceras que Jauretche
no pudo incluir en su libro? Sin embargo, a pesar del grotesco educativo
que propone, el tema es grave, muy grave. Tan grave porque de un plumazo,
es decir, de un bromazo, sepulta décadas de educación
popular, de bachilleratos populares, de experiencias autogestionarias
en Educación.
La crítica a la educación formal, sarmientina (con
el perdón de las notebooks, que son muy necesarias)ha señalado
con justicia que hay educación para el sometimiento o hay educación
para la libertad. Y que, en todo caso, quizá sea cierto que
el saber es poder, pero no será en los espacios que la cultura
represora habilita donde ese poder pueda ser ejercido.
El ministro del imposible pretende una educación que no eduque.
Porque educar no es instruir. No es una catequesis laica. No es escuchar
comunicados de las fuerzas conjuntas. Educar al soberano es poder
disputar la hegemonía de sentidos que los enemigos decantaron
durante décadas en la conciencia de los pueblos. Supongo que
este ministro del imposible estará de acuerdo en que hubo una
Campaña del Desierto, y que eso no tiene que ver con ninguna
tendencia ideológica. Pues bien: lo que hubo no fue una campaña,
sino una expedición de exterminio; y no fue del desierto, sino
al desierto; y además, el desierto no estaba desierto. Pero
este ministro contento hubiera ido en ancas de Roca, ya que cuando
se habla de tendencias ideológicas, políticas, siempre
es para descalificar los intentos de subvertir la historia oficial.
Haga memoria, ministro del imposible: ¿Qué pensó
cuando escuchó la noticia que Mónica Cahen D’Anvers
dijo en Telenoche que “dos piqueteros fueron muertos en una
pelea entre diferentes grupos”? Maximiliano y Darío fueron
rescatados por el fotógrafo que no ocultó las pruebas
de otra infamia. Pero Mónica, aséptica, no expresaba
ninguna tendencia. Apenas una de las tantas historias oficiales.
Señor ministro del imposible: ¿gritó usted los
goles del mundial del horror? Seamos democráticamente sinceros,
señor ministro. Publique sus propias tendencias ideológicas
sobre el Bicentenario. Tómelo como un desafío. Recoja
el guante. Quiero leer lo que usted piensa del tema convocante. Después
de todo, habrá que esperar 100 años para el Tricentenario
y ni usted ni yo estaremos.
Pero ahora sí, quiero que me enseñe cómo se
escribe un material pedagógico sin tendencias ideológicas.
Usted debe saberlo. No será de los que predica sin dar el ejemplo.
Seguro que este texto le va a llegar y, como dicen en el barrio, sabe
donde encontrarme. Esto es lo hermoso de la democracia, a pesar de
que no siempre cura, de que muchas veces no permite comer y de que,
por lo que veo de su gestión, casi nunca educa. No obstante,
es democracia, y yo ejerzo mi derecho de pedirle las pruebas de aquello
que pretende.
Mientras espero su texto sin tendencias, le adelantaré cuál
es la mía: “Con los pobres de la tierra / quiero yo mi
suerte echar. / El arroyo de la sierra / me complace mas que el mar”.
Es de José Martí, que tenía fuertes tendencias
ideològicas. Y se lo dedico a Carlos Fuentealba, que fue asesinado
por aquellos que, como usted, no aceptan que las ideologías
se expresen, aunque apenas sea, en las tendencias, para conmemorar
un Bicentenario de los Pueblos.
Fuente: AGENCIA DE NOTICIAS PELOTA DE TRAPO